Encarnación de un personaje
Esta creación consta de encarnar un personaje y explicar una historia que incluyera un elemento en concreto, en mi caso fue una navaja.
Este reto no me resultó tan fácil como otros ya que confundí algunos conceptos que corregí más tarde y de ahí el resultado final. Decidí enfocar esta historia en un hombre que vive en el campo, porque desde mi punto de vista.
Por fin eran las 5 de la tarde, Juan, como cada día después de hacer todas las tareas de la granja, se sentó en el porche delantero. Desde ahí, con la cerveza en la mano, observaba el atardecer. Llevaba veinte años haciendo lo mismo, cada tarde, cada día, cada semana…
No se planeaba cosas demasiado profundas, pero esa tarde se dio cuenta de que se sentía muy solo. Llevaba toda la vida en esa granja y, desde que murieron sus padres, podía estar días enteros sin hablar con nadie. La soledad de aquella casa lo inundaba todo. Ese silencio que le recordaba los últimos días de vida de su madre, ese olor constante a chimenea, su única compañera las noches de invierno. Eso sin contar a su perra Trufa. Se la encontró un frío día de invierno y no se había vuelto a separar de él. Era su familia, siempre a su lado, parece que intentaba que él no notara esa soledad.
A pesar de que esa vida le gustaba, a veces se planteó como hubiera sido tener una familia, una mujer con la que hablar, unos hijos a los que acompañar al colegio… Pero no pudo ser, se dedicó en cuero y alma a sus padres y a su granja, y ahora era lo único que tenía, su granja.
Cuando iba cada mañana al bosque, sólo necesitaba a su perra y su navaja. No salía con un objetivo en concreto, podía buscar espárragos, o cortar un poco de tomillo para su infusión nocturna, o simplemente inspeccionar que su terreno estuviera perfectamente perimétrico. También la llevaba por seguridad. No era una zona peligrosa, y juan era una persona valiente, pero era consciente de que ya tenía una edad, y ante cualquier imprevisto no estaba de más llevar un arma, y él era todo un experto con ma navaja. De pequeño su padre le regaló esa misma navaja y le enseñó a hacer figuras de madera aprovechando los árboles caídos y, con el paso del tiempo, se acostumbró tanto a llevarla, wue cuando algún día se la había dejado en casa, sentía que le faltaba algo importante. Eso pasaba pocas veces porque, con el paso del tiempo, Juan cada vez necesitaba menos bajar al pueblo. No le gustaba la compañía de la gente y prefería evitar encontrarse con nadie, porque inevitablemente le preguntaban:
- ¿Cómo estás?, ¿No te sientes solo allí arriba tú sólo? ¿Y si te pones enfermo, qué vas a hacer?
Estaba cansado de socializar, bueno, para ser sinceros, nunca le había gustado estar rodeado de gente y, mucho menos, de aquella gente tan indiscreta de ese pueblo.
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